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#DeporteandoAndo Spining

Spinning

Después de haber intentado jugar fútbol, debo confesar que me vi sumamente tentado a dejar esta idea de ponerme en forma, lo adolorido me duró más días de lo que pensé y cabe mencionar que mi rodilla comenzó de nena y tuve que comprar de esas pomadas que dicen que son para deportistas, aunque en realidad comienzo a creer que sus principales consumidores somos la gente que intenta hacer ejercicio y siente el llamado del creador para unirse a su santa gloria.

En fin, tiempo después de que dicha pomada hizo su efecto, decidí que no me iba a rendir tan fácil, se lo debo a mi yo del futuro que no quiere tener enfermedades derivadas de algún sobre peso y teniendo en cuenta mi reciente lesión en la rodilla, decidí preguntarle a un amigo que es médico, para que me recomendara algún deporte que me ayudara a mejorar, algo a man reda de rehabilitación. Su respuesta fue interesante, ya que su primera respuesta fue que me olvide de deportes que tengan que ver con correr, cabe mencionar que eso deja muchas alternativas fuera, además me dio dos alternativas para mi dolencia: La primera es natación y la segunda es bicicleta.

Después dela charla con mi amigo y medico de cabecera, recordé que cerca de mi casa, hay un gym que tiene clases de spinning, así que tomé la decisión de intentar primero la bicicleta como medio de rehabilitación.



Es difícil definir mi primera clase, sin utilizar adjetivos bruscos que por respeto a ustedes mis lectores no utilizaré, solo diré que aquello de ser el portero gordito del equipo ya no suena a tan mala idea. Les describo mi clase: Primero, la instructora me preguntó si tenía alguna lesión en la que debiera prestar atención y bueno, ustedes ya conocen mi respuesta.

Luego me enseñó a ajustar la bicicleta a mi estilo de cuerpo y después, atención aquí, me subí. Al estar arriba de aquel aparato de una solo rueda, pude sentir como el asiento se incrustaba en mi parte baja de la espalda pero no le dí demasiada atención.

Luego comenzó el pedaleo, primero fue suave para el calentamiento, pero luego se fue ajustando hasta tornarse algo que exigía toda mi atención, cada pedaleo se hacía cada vez más difícil y cabe mencionar que la instructora (Ya les conté que está guapísima) tuvo piedad de mi y me indicó que para mi no era necesario ajustar la resistencia a niveles muy altos.

Después de 15 minutos recordé aquello que había llamado mi atención en un inicio: El asiento. Era tan incómodo estar arriba de aquella parte tan pequeña y tan dura y lo peor es que no tenía muchas opciones, ya que mi indicación era no levantarme muy seguido para poder cuidar la rodilla. Así que de pronto tenía que elegir en dónde quería tener mi dolor, si en la rodilla o en la entrepierna.



Conforme avanzaba la clase, mi corazón comenzaba a acelerarse y mis muslos a doler, según es algo normal, pero no me había sentido así desde una pequeña correteada que nos habían puesto unos cholos en el barrio dónde crecí de niño.

El cansancio se hacía más notorio conforme avanzaba el tiempo y el dolor en el asiento se transformaba en algo por demás incómodo. Pero cabe señalar que la instructora sabe hacer su trabajo (A parte de estar muy guapa) ya que tiene el toque perfecto para motivar a sus alumnos y logra hacer sentir que se puede con todo reto físico, incluido el asiento.

Cuando la clase terminó, el bajar de la bici se convirtió en todo un reto, primero estaba ansioso de por fin descansar de ese asiento del diablo, pero mis piernas pedían tiempo fuera y mis pulmones un momento de quietud. Así que las negociaciones con cada una de las partes de mi cuerpo no fueron fáciles, tanto que mi rodilla ya no era factor e incluso olvidé por unos momentos aquellas lesión.

Por fin logré bajar de la bici y respirar al mismo tiempo, es extraña aquella sensación, ya que mis piernas vibraban, mis pulmones protestaban, mis asentaderas molestaban, pero era una de las mejoras sensaciones que había tenido. Había terminado la clase y yo seguía en este mundo, no existía nada que no pudiera lograr en este mundo.

Agradecí a la instructora y me retiré con la poca dignidad que me quedaba, el camino hacia mi vehículo fue un reto que estaba al mismo nivel de una táctica militar, pues había que vencer unos cuantos escalones y desniveles antes de poder sentarme victorioso frente al volante.



A pesar de todo, esta experiencia me deja un buen sabor de boca, primero porque logré sobrevivir y segundo porque si me quedaron ganas de regresar, aunque por puro orgullo.

Espero que mi experiencia les haya gustado, recuerden que yo no me considero un deportista ni mucho menos un atleta y si les comparto mis experiencias es para que nos demos cuenta que no es necesario ser ninguna de estas opciones mencionadas para hacer ejercicio y ver por nuestra salud y además que puede ser muy divertido reírse de uno mismo, ese es el mensaje que me gustaría que les deje este blog.

Hasta la próxima aventura de #deporteandoando

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